AMANECER A LA VIDA
… es el nombre con el que hace treinta y muchos años fueron escritas las páginas que a continuación vas a leer si curiosidad sientes.
Fueron miles las escritas a lo largo de las casi tres décadas que duró nuestra relación, pero muy pocas las que han sobrevivido al paso del tiempo, a la desidia de los que las guardaron en mis años de estancia en la cárcel y ha sido ahora, por razones que desconozco, cuando el destino ha hecho que las encuentre mientras guardo los pocos libros que han sobrevivido a la misma desidia antes de que sean arrojados al olvido o al fuego de lo viejo.
Mi primer pensamiento ha sido destruirlas, como he roto cientos escritas en otros instantes y vestidas de circunstancias que ahora carecen de sentido.
Pero ha sido el destino, también, quien ha hecho llegar la palabra mágica que ha encendido la luz en mi cerebro y comprender que aunque fueron inspiradas por otra mujer y otros sentimientos, también son parte de mi y no soy nadie para hurtarlas a quien desee conocer quién y cómo era el joven que plasmó en papel el amor que sentía y la felicidad que me fue dada por aquella mujer que encontró un niño perdido en el desamor y la soledad y lo condujo con mano divina hasta hacerlo entrar en el mundo hermoso que ella poseía en su interior y que le descubrió sin otra razón que el amor que en ella desperté.
Y ha sido otra mujer, a la que no se si conoceré algún día, Raquel, la que como un soplo de viento fresco y limpio que de los nevados Andes baja, me ha hecho entender que merece la pena extraer de entre las cenizas de mi vida, las pocas brasas que quedan en el corazón de un hombre al que ha endurecido la vida, las tragedias, las enfermedades y los desengaños.
Tal vez no sea casualidad, pero a estas horas comenzaron a golpearme hace 31 años hasta dañar mi columna y un riñón y pararon cuando, ya sin control, orinaba sangre.: lo mismo que me sucede en estos instantes.
¡Cómo pasan los años y vuela el tiempo!
Cullera, catorce de Marzo de 2008
CARICIAS…
Me haces estremecer con tus caricias y con tu amor.
Haces que sienta como los pasos de la dicha acercan la felicidad.
Me siento flotar; ligero, frágil, etéreo e irreal.
Pero se que estoy en la realidad.
Son tu amor y es tu compañía.
Todas las cosas que posees son las que dan la felicidad.
Y estoy seguro de no errar porque una de las manifestación de la felicidad es la ausencia del deseo de lo demás y una ansiedad de la paz que solo se tiene al así sentir.
Así quiero vivir y tú eres mi felicidad.
EL ALMA…
Es compleja el alma porque teniendo la palabra reserva celosa los más hermosos pensamientos y requiebros para la mirada fugaz del momento.
Hemos hablado unos instantes que no nos han llenado aunque nuestras almas se hayan unido contentas y separado insatisfechas.
Por eso ahora quisiera de nuevo mis anhelos, mis ilusiones, mis penas comunicarte junto a las alegrías que, por lo breves, asemejan estrellas fugaces.
Decir que me enamoras, enorgulleces e ilusionas son palabras que no reflejan lo que mi corazón siente y pálidos reflejos de un amanecer radiante cuando las pongo al lado de estos diez años de vida y dicha que me has dado.
Amarte ese tiempo ha sido ir haciendo de cada día una gota para que al discurrir el tiempo sea ahora un río de amor y ensueño que recorre desde, que me levanto hasta que me acuesto, todo mi cuerpo.
Que eres tu la vida, que es hermoso amarte y que por mucho que busco palabras con que describir ese río de aguas claras que hacia mi viene no hallo ninguna que se asemeje a lo que me brota del alma y solo se me ocurre el entregarme para que me abras y mires todo lo que has sido capaz de crear en donde antes había solo un erial
SEPARARNOS…
Separarme de tu lado es comenzar a sentir que caigo muy hondo.
Y siento miedo ante un futuro del que desconozco todo y ya solo, trato de acallar y dominar, si quiera un poco, el ruido de mis temores mientras camino hacia el frío aliento de mi casa.
Pero larga es la marcha cuando no se desea llegar al lugar donde el silencio profundo es la melodía y la reina la soledad.
Y como el sediento en el desierto, arrojo un pozal de esperanza al pozo negro del miedo rogando a Dios que el agua que suba calme mi sed y refresque mis ojos para que puedan ver como ese camino que nos aleja es un lienzo donde puedo plasmar el amor que te tengo, la fuerza que me das y la cantidad de mi vida que daría para que en la tuya tengas siempre felicidad.
Solo ese deseo desborda mi alma y pensamientos rivalizando entre ellos para hallar la forma, el color, el sonido y el lienzo e inmortalizar el momento.
La dicha de amarte es como la cascada en la montaña; alegre, fresca, diáfana y juvenil y al igual que el agua en la tierra, el amarte es vivir.
Ese intimo calor y convencimiento hacen que respire más hondo y libre mientras los temores y tinieblas de antes se pierden arrastrados por el viento mientras camino, sonrío y rememoro tantos y tantos hermosos momentos.
QUE LEJOS……
¡Qué lejos estas de mi y qué largo es el camino hasta llegar a la fuente si se tiene sed!
Y surge en mi mente, veloz y fugaz como un rayo, el ansia de volar desde aquí para ir donde estás.
Es una locura abrasadora la que recorre mis venas y acelera mi corazón aunque es con la imaginación con la que devoro la distancia que aún queda.
Y noto el sudor correr por mi cara y acelerase el corazón como si en vez de caminar, corriera.
Cesa el ensueño y se apaga mi imaginación mientras los pies aplastan el polvo del camino.
Avanzo y al salir de un recodo del camino, igual que lo hace la luna al coronar un cerro, aparece tu figura llenando mis ojos mientras el amor que te tengo pone alas a los pies para hacer más corto el camino que nos separa.
Y a mis oídos llega el eco lejano de un trueno con forma de alarido que del fondo de tu pecho ha brotado al haberme reconocido.
Se detiene el tiempo mientras el sol engalana las nubes con colores para inmortalizar en nuestras retinas los instantes que faltan para ese encuentro.
Separamos los brazos para estrechar uno contra el otro nuestros cuerpos mientras las manos acarician los rostros al mismo tiempo que los labios se besan con ternura y pasión según los momentos y de los ojos manan perlas saladas de felicidad y sentimientos.
ETERNIDAD…
Si al arrullo del mar hemos soñado y al besarnos, la hermosa luna, en el lecho nos ha sonreído.
...Si han gozado nuestras almas en la noche y con el alba nuestros cuerpos han dormido.
...Si tu eres mía y yo a ti pertenezco y en nuestro pecho el amor ha hecho nido, nada importa, ni los años, ni la muerte, porque se que en nosotros no habrá olvido.
MI MANO…
…Cuando mi mano no apriete la tuya y se haya acabado “mi tiempo” y el tuyo continúe pegado aún a la vida de este nivel.
…Cuando mis ojos ya no te sirvan de espejo y la noche de mi ausencia llene tus días como la lluvia empapa la tierra y llena un estanque.
…Cuando al caminar no veas mis pasos junto a los tuyos, ni sientas vibrar mi pecho junto al tuyo, ni a mi sonrisa darte el ánimo que te ha hecho subir montañas de incomprensión y vadear ríos de soledad.
…Cuando ya no tengas el arrullo de mi voz en tu oído, ni las alas de mi ilusión vuelen parejas a las tuyas remontando las corrientes de aire en donde las circunstancias crean remolinos.
…Si no me has encontrado dentro, muy dentro de tu corazón y no me sabes oír en el profundo silencio de tu silencio.
Dime pues, ¿hacia donde piensas ir…?
MEDITA…
En el callado silencio que te rodea, ¡medita!
Mira dentro de ti a ver qué descubres
¿Un nido de víboras? ¿Un transparente manantial o solo el negro vacío?
Quisiera darte mi vida para que la tuya fuera como la he soñado; para que alcances las metas que no he logrado; para que seas los sueños que he tenido.
Para que en el silencio de tu alma escuches la voz callada de mi alma parlanchina.
Para que ames a mi amor que nació contigo.
Para que sonrías siempre a la vida con el mismo candor que un niño.
Para que no odies a nadie y siempre perdones a quien te ha herido.
Para que cuando los momentos de desesperación y tristeza te lleguen, aunque no me veas, ores conmigo.
Dime pues, ¿Qué has visto?
¿Estás acaso muerto por dentro o estás vivo?
AROMA…
Con la misma certeza de que tras del cegador relámpago llega el trueno, he sabido que tras el perfume exquisito que traía en aquel soplo de brisa, solo podías venir tu.
Luego he oído tus pasos y a continuación, te he visto y con el mismo ímpetu con que empezamos hace tantos años, corremos, nos abrazamos y nuestros besos dicen en silencio tanto que innecesarias hacen las palabras.
La verdad es que más que recibimientos, son regalos divinos entre risas, torbellino de faldas y los fuertes y hermosos abrazos que vienen como rayos a enrollarse en nuestros cuerpos.
Es tu alegría, son tus lagos de misterio y ensueño en forma de ojos, es su color esmeralda te tonos inimaginables los que hacen desaparecer el dolor, la desesperanza por la incomprensión de los míos y el tormento que la separación que tanto tiempo nos ha entristecido.
Te separo unos instantes y miro con amor, pasión y ternura tu cuerpo en el que destacan tus ojos de esmeralda, tus pequeños senos, tu forma de ánfora y la sonrisa que desde siempre me encanta.
Me hablas y de tu boca brotan guirnaldas de bienvenida con forma de palabras que pones en mi cuello mientras me abrazas y perfuman y deleitan mis labios mientras besas.
Estoy más que engalanado ungido con bálsamo perfumado.
Se que soy amado, deseado, recibido y, cual dios en el Olimpo, tratado.
Es como si me sumergiera en un baño templado que no solo empapa mi piel, sino serena mi alma y engrandece mi mente.
Cierro los ojos sobrecogido por la felicidad que siento y compruebo que solo mis manos son capaces de hablar porque las palabras han huido.
Pero los abro de nuevo porque quiero decir con los ojos lo que mis labios no pueden: que eres mi amor, mi dicha, mi orgullo y otras miles de cosas que llenan mi interior y de las que las palabras solo son pálidos reflejos de sentimientos.
Sellas mis ojos con los labios y vas descendiendo hasta tapar mi boca con más besos.
Y así, amantes y ansiosos, entramos en el cielo…
KALI…
Oh Kali, estrella de la noche, ¡que gozo da mirarte!
Es la estrella que gira pequeña y silenciosa en el centro de la cola de la Gran Osa.
Eres Kali el símbolo del amor que de mi alma brota como lo hace la luz cuando la noche se apaga.
La estrella silenciosa y callada que oye manar de nuestras almas el amor que las llena y que con el murmullo de un suspiro enamorado, se eleva hacia las alturas en busca de esa complicidad que necesitan los enamorados.
Y estando separados, cuando llega esa hora mágica, te llamo seguro de que en el lugar desconocido donde se encuentre, ella musitará, como una oración a Dios, el amor que destina para embalsamar el dolor de esa separación.
Es tu luz, tu sola presencia en la paz de la noche, la que aviva la llama de nuestro mutuo amor.
Y así, cada noche, cuando la hora mágica llegue, vea o no tu luz, pronunciaré su nombre seguro de que, aunque esté en el confín de la tierra, me oirá.
No existe el silencio ni el vacío, ni existe la muerte cuando dos almas se aman de verdad.
MUERE EL DIA…
Muere el día ensombrecido por el manto triste de la oscuridad que todo lo tapa y apaga.
Pero también se acerca la hora de nuestra cita.
¡Son ya las once!
¡Dame tus manos y tomas las mías mientras caminamos hacia el espacio infinito en donde las estrellas son las gemas sagradas que adornan el velo de la noche!
Y allí, junto a la estrella sobre la que gira, Kali nos aguarda con su brillo mas intenso, con su complicidad mas santa y con la alegría de saber que fieles somos, junto a ella, a nuestra cita diaria.
Dejamos de ser dos para conformar una nube de paz y calma que solo es la imagen de dos amores cuando se unen y abrazan.
FELICIDAD…
Es tanta el ansia que tengo de darte felicidad que renunciaría a la mía.
Es tanto mi afán de hacerte llegar a la mayor profundidad del amor y del placer que renunciaría a mi propio goce.
Es tal mi sueño por darte la inmortalidad que agradezco a Dios ser mortal para así dedicar mi vida para que seas inmortal.
Es tanto lo que te amo que la misma felicidad por amarte me hace sentir ganas de llorar.
JUNTOS…
Qué hermoso se hace el día cuando juntos, aunque solo sean unos instantes, podemos compartir la soledad.
Qué hermosa y dulce se torna la vida de esa forma e incluso cualquier ensueño y hasta el mismo amar.
Un simple paseo por un camino solitario sin mas decorado que estar sembrado de piedras pequeñas abrazadas por el polvo, permite que nos aislemos del mundo y que al cogernos de la mano olvidemos donde estamos, quienes somos y solo sean nuestros ojos los que hablen en silencio.
Y son esos silencios alojados en los ojos los que transforman un leve roce en un abrazo, una sonrisa cómplice en seis besos y una caricia a tu cara en una imagen más para llenar el álbun de los recuerdos eternos que llenan mi vida desde que te conozco.
Han sido minutos, o unos segundos e incluso siglos, porque cuando estamos juntos se detiene el tiempo, pero haya sido lo que ha sucedido ha sido hermoso e imperecedero.
LOS QUE AMAN…
Solo aquel que ama, o ha amado, sabe del poder milagroso del amor para transformar un alma herida y desesperada en un sol radiante de felicidad por el mero hecho de oír la voz, o sentir el calor de la mano de quien con su ausencia apaga la luz de nuestro interior.
AMANECE…
Amanece lentamente este domingo presidido por la incógnita de si te podré ver.
Seca mi garganta la angustia de la duda, de si lloverá tal vez y eso me impedirá poder verte.
¿Te veré?
¿Me amas aún?
Suspiro con ansiedad y tristeza porque estas muy lejos de mi ahora y no te puedo preguntar.
Miro por la ventana y al fondo se ve una franja de luz grisácea preludio de un día nuevo que esta comenzando a nacer.
Y la incógnita continua mientras esa grisácea luz se agranda permitiendo ver en el horizonte esas nubes oscuras que pueden hacer, si comienza a llover, que no nos podamos ver.
Agazapado en mi pecho está el amor que siento por ti dándome impaciencia pero también un gran placer.
Ya amaneció del todo dejando ver en el cielo el carrusel de las nubes que como carrozas de ensueño van de un horizonte al otro llevando mis ojos hacia donde estás y mi miedo que no pueda ser el que mis labios se enseñoreen en los tuyos con un maravilloso beso.
Van muriendo los minutos que caen al suelo del pasado mientras mis ojos se adueñan del cielo y mi mente corre rauda hacia donde estás.
No llueve de momento y eso me hace pensar que te podré ver.
Verdaderamente hoy es un maravilloso día que no debemos desaprovechar
COMPARTIR…
Qué hermoso es el día cuando juntos, aunque no haya sido mucho rato, podemos compartir la soledad.
Descubres el esplendor, cual rayo en noche de tormenta, de la vida, de los sueños y del mismo amor que nos damos.
Ha sido un pequeño paseo por un camino pedregoso y solitario; un encontrarnos con nosotros mismos en el silencio de nuestros pasos aunque en los campos cercanos cantaran aves con alegres trinos y extraños cantos que no entendimos.
Un cogernos de las manos, un suave roce entre nuestros cuerpos han sido el preludio de la vida que pasaba de uno de nosotros al otro a través de la magia del tacto que nuestros dedos modulaban como modulan las notas del pentagrama la melodía de amarnos.
Y como siempre nos ocurre, el ensueño llenó nuestros ojos, aumento la presión de nuestras manos y para completar el círculo amoroso, nos besamos.
Nos hemos acariciado con la delicadeza que tenemos en nuestros contactos y vuelto a tener el mazapán de tus labios dispuestos a ser paladeados por los míos a los que enseñaste a besar mientras dejaba de ser un niño.
No ha sido mucho rato, pero como todo lo que nos rodea, para nosotros esos instantes han sido eternos y, al mismo tiempo, escasos segundos ha durado.
Se ha perfumado el aire con la felicidad de estar juntos, se ha acentuado el azul de cielo con nuestros besos y hasta los lejanos cerros parecían tan apretados como lo estaban nuestros dedos mientras caminábamos cogidos de la mano.
Ha sido un hermoso paseo.
SUBLIME…
Solo se puede definir como sublime el instante en que por el misterio de amarse y la presencia del objeto de nuestro amor el anochecer se transforma en un radiante amanecer cuando se juntan nuestros labios.
Y recortados en el horizonte los montes quietos sobresaliendo de los campos en la que los algarrobos con danzantes que bailan a medida que todo se oscurece.
Y solo llega el runruneo del mar lejano, el aroma de la tierra calentada y ya, como desconcertado, el graznido de algún ave que llama agitada reclamando la presencia de quien es su complemento.
Y hemos llegado al mismo tiempo a ese recinto de ilusiones y esfuerzos, de árboles que nos cantan cuando a sus hojas las mueve el viento, llamado Macaybo.
Ya esta todo descargado y comenzamos a guardarlo cuando se derrama por el lugar el suave y grato aroma de tu cuerpo que emana de la gracia que tienes dentro.
Y ese ajustado vestido que llevas adornado de flores que a medida que te mueves confieren al silencio el ensueño de un jardín a media noche.
Me miras con esos ojos verdes que como esmeraldas adornan tú cara y de ellos brota el destello que empalidece a los luceros que hay en el cielo en esta noche estrellada y clara.
Me he parado unos momentos para contemplarte y estoy seguro que no existe pintor en el mundo que sepa al retratarte plasmar la sinfonía de tus movimientos, el ritmo de tus pequeños senos y el bálsamo que derraman tus ojos cuando me miras.
Llegas a hacerme creer que en vez de fuego y solemnidad eres un rocío mañanero fresco que cae por la noche cuando ya empieza más tarde a amanecer.
Haces que la mente de un loco se serene y comience a saborear el sitio donde está y que tú llenas.
LLUEVE…
Hay tormenta y llueve con rabia.
Cúpulas de cristal cargadas de aire, que remolón ha quedado atrapado en la caída cuando las gotas besaban los charcos, están navegando como bajeles sobre las aguas empujadas por el fuerte viento que dobla las ramas de los árboles desprendiendo las hojas que se resisten a su empuje fiero.
Son perlas del cielo que me transmiten el temor de que hoy no pueda verte.
Arrecia más aun la lluvia y el viento y al golpear el charco transmiten a mi alma la duda, la melancolía, el miedo de no poder verte.
Misteriosamente llega a mi nariz tu aroma, a mis ojos tu cuerpo y a mi alma el anhelo de abrazarnos y darnos besos.
Desde dentro de mi te llamo y se que me oyes, porque desde hace mucho tiempo existe entre nosotros ese misterio que no comprendo de pensar uno y percibirlo con claridad el otro.
Misterios que rodean nuestra relación desde el primer encuentro en aquella avenida por la que caminaba y que al contemplarte de espalda desee que te volvieras para ver el otro lado de tan maravilloso cuerpo.
Y al hacerlo, trajiste a este loco enamorado la visión completa de una diosa griega cubierta con un vestido ajustado y largo.
Me miraste fijamente como si supieras que eran mis ojos los que te habían llamado y nos quedamos unos momentos contemplando la magia que tu mirada tiene cuando miras aunque sea de lejos.
Han pasado ya unos años, pero sigo preso de aquel recuerdo que inició la etapa de vida mas hermosa que he tenido hasta este momento.
Miro los chacos y la melancolía avanza por dentro.
Pienso que en estos momentos el cielo y yo lloramos
SILENCIO…
Estoy intranquilo e impaciente porque debes llamarme y no lo haces.
Eres el alimento de mi alma y la paz en mis sueños pero este silencio que tengo me aplasta, me deprime y me altera hasta casi hacer que mis nervios salten como lo hace una rana volando hacia un charco.
¿Por qué no me llamas, amor de mi alma y sosiego de mi mente?
Mil y una razones hay para que no llegue esa llamada y aunque son conocidas casi todas por mi, solo me angustian las malas que puedan ocurrir.
Pasan los minutos que juntos harán las horas y no llega tu llamada, no se serena mi mente y si se angustia mi alma.
De la maquina de escribir al reloj, del reloj a la maquina, de allí a la cocina y de nuevo a la maquina mientras mis ojos contemplan un teléfono grisáceo que no me llama.
Dios mío, ¿por qué no me llamas?
No me hagas sufrir más, mi amor y llama.
CERRAR LOS OJOS…
Cierro los ojos y veo como mis labios están acariciando los tuyos.
Como mi alma se refunde dentro de la tuya mientras la mima y protege.
Como el fuego del amor que nos tenemos calienta nuestros cuerpos y la pasión los estremece...
Como el deseo de dar al otro el máximo de placer hace que la voluptuosidad de nuestros juegos alcance cotas en las que la meta ya no es gozar, sino enloquecer.
Como el vivir deja de tener valor porque no sabes distinguir con nitidez si lo que sientes es vida en el vivir o estas en el morir y por ende en el Edén.
Dudo de mi al no saber si los sueños son la realidad o la realidad es infinitamente mejor que lo que pudiera soñar.
No te apartes de mi, amor mío, porque aunque ahora no los tengo junto a mi, es todo lo anterior lo que me haces sentir al cerrar mis ojos y ver los tuyos sobre mi.
Y es que en el ensueño y en la realidad, no existe nada mejor que nuestros labios se besen y nuestros cuerpos se abracen.
LENTO PASA EL TIEMPO…
Lento pasa el tiempo y del reloj van cayendo las horas como hojas muertas de un árbol a la entrada del invierno.
Y a medida que avanza el día camino de las horas del sueño, se asienta en mi pecho la añoranza que, como las nubes bajas, deja en mi alma una sensación de tristeza, de atonia, de vacío y un acre sabor en la boca que solo puede ser el saber que hoy juntos no vamos a poder estar.
Presiento que, allá a lo lejos, estarás contemplando este mismo cielo que cubierto mantiene al sol con los mismos interrogantes que tengo sobre la bondad de Dios que a lo largo de los años mantiene nuestra unión aun a pesar de todo contra lo que tenemos que luchar.
No está la caricia de sus rayos pero dentro de mi alma tengo el fuego de tu amor y la energía suficiente para empujar mi cuerpo desde el despertar y alimentar la ilusión de que pase pronto el tiempo que falta para nuestro encuentro.
Sentir lo que siento es la esencia, el mas sublime de los sentimiento, la fuerza que hace llenarse a mis pulmones y mover mis dedos tratando de plasmar en un papel callado todo lo que significa vivir tu amor y gozar de tus sentimientos y cuerpo.
Y estos momentos son de soledad, pero también de compañía, porque no tengo más que mirar hacia detrás y aparece el camino de mi vida enlosado en tu compañía y con las rosas que crea un sentimiento mutuo y sincero.
Corren las nubes por ese cielo en dirección hacia donde estás dejando lágrimas que arrastra el viento para empapar la tierra que los relámpagos iluminan a lo lejos.
Son los truenos mi voz que te llama en la distancia, que te arrulla en su ronquera, que te abraza mientras va hacia las montañas, que regresan como eco lejano tras empujar hasta el infinito todo el amor que por ti siento.
Las veo navegar por el cielo como bajeles y trato de soñar con los ojos abiertos de que una se detiene diciéndome que suba que hacia donde estas me quiere llevar.
No se si sueño, no se si estoy despierto.
Solo se que te quiero y que esto es lo que siento.
UNION…
Ha sido la unión ante Dios, y sin que en la iglesia se diera cuenta nadie, de una pareja que desde que se conoció deseo ser matrimonio sabiendo que legalmente no era posible y que ante los demás solo éramos amantes.
Y aun me siento flotar en la nube de incienso que nos rodeaba mientras poníamos en nuestros dedos esos anillos como símbolo de eternidad.
Creo que ha sido la única cosa que he hecho a lo largo de mi vida hasta ahora de la que me siento orgulloso y plenamente satisfecho.
Y allí dentro, envueltos en humo y rodeados de gente que no sabia quienes éramos, nos hemos unido mientras escuchábamos la epístola de San Pablo leída a una pareja de jóvenes que arrodillados ante el altar se estaban casando.
Hemos dicho lo mismo que ellos con la dulzura y delicadeza que nuestro amor imprime a todos nuestros actos.
Nos hemos entregado lo mejor de nuestros sueños, deseos y caricias como una cegadora oración de vida que empapa nuestros corazones y cuerpos de la paz y la serenidad que se tiene solo cuando desinteresadamente se ama.
Y no encuentro palabras para describir y plasmar la hermosura del amor que nos tenemos aunque no seamos esposos ante los demás, la dulzura y serenidad que tenemos en las horas que juntos podemos estar.
Pero si estas palabras existieran, tal vez debería silenciarlas, porque es tan hermoso y limpio nuestro amor, que como algunos rayos del sol, un simple cristal los empaña.
Musitan nuestros labios plegarias de amor, de gratitud hacia Dios que nos unió en esta vida dándonos como regalo el don sublime y placentero de nuestros sueños, de nuestros momentos, de la alegría de pasear juntos y del placer de gozarnos en el lecho.
Nuestros besos son la comunión de nuestros sentimientos, la satisfacción del más puro placer, la realidad de Dios y su deseo de que vivamos y gocemos todos los momentos, si podemos.
CORRER…
Correría a tu lado para tomarte entre mis brazos y cubrirte de besos y lo sintieras como el preludio del placer y lo inolvidable.
Te besaría, te amaría, acariciaría hasta que esas esmeraldas que tienes por ojos refulgieran como lo hacen los luceros en la noche estrellada.
Una mística, un canto nuevo hacia el amor que nos tenemos y la dicha de vivir.
Es como abandonar los dolores y agonías del mundo y morir para acceder al Edén.
Un beso tuyo, una caricia, una mirada, un simple parpadeo son las cosas, tan pequeñas y tan grandes al mismo tiempo, que me hacer correr por los caminos e intentar volar por el aire para llegar cuanto antes a donde estás.
Si me alejo de mi éxtasis y lo contemplo desde lejos, veo que en un tormento enloquecedor porque ya no se distinguir entre el amor que te tengo, el ansia de ti que me quema, el suspiro que quiero recibir de tu boca cuando en un abrazo fuerte te aprieto o el consuelo de saber que estas esperando y cómo me vas a recibir.
Es todo tan real como demencial este sentimiento.
Amor, como río cristalino de montaña, es lo que brota de la cordillera que forman, mezclados como los picos de las cimas, la locura de ti, la veneración que por ti siento, los anhelos que tengo, los deseos y las ansias de poder compartir contigo los peligros y dolores que todo camino hacia el final tiene.
Siempre te digo lo mismo: me gustas, te amo, te deseo, me estremezco con solo mirarte, me sosiegas si me sonríes, me iluminas cuando me miras, me das la vida al quererme y me haces grande por crear dentro de mi esos nobles sentimientos.
Estar contigo y tenerte es el preludio del cielo estando pisando el suelo.
DESDE LEJOS…
Te he visto desde lejos y a medida que tu imagen se agrandaba he ido percibiendo un halo de tristeza y la preocupación pintada en tu rostro.
Se te veía nerviosa e intranquila.
Te has acercado más y te he mirado interrogante para acabar sumergidos en esos dos lagos verdes que tienes por ojos en donde flotaba el sentimiento propio de los enamorados.
Han sido unos segundos eternos hasta que una luz cegadora ha brotado en ellos y has empezado a correr hacia mí con los brazos abiertos para introducirte entre los míos y fundirnos en un abrazo tan grande y pleno como solo son los nuestros en cada uno de nuestros encuentros.
Y aún abrazados, tus labios y los míos se buscaron un instante para fundirse apasionados y contentos en un largo beso.
No se lo que ha durado el beso, menos aún cuan largo ha sido el abrazo.
Solo, se que éramos dos cuerpos fundidos en uno solo que no deseaba separarse de nuevo.
Una sola alma en dos cuerpos por la comunión intima de dos sentimientos.
Es ese nuestro sueño, es parte importante de nuestras vidas, es fruto de nuestro esfuerzo, de nuestra ilusión y de nuestro contento.
Han pasado los segundo, han pasado las hora o, tal vez, los siglos y tu seguías ceñida a mi y yo tratando de hacer que todo lo que estaba pasando se hiciera eterno.
Te lo he dicho desde que nos conocemos, porque desde el fondo de los años, desde el pozo de los siglos, desde los sitios más lejanos yo seré tu esposo, tú ánimo, tu amor, tu sostén y tu árbol para darte sombra cuando haga calor y tengas donde apoyarte cuando las fuerzas te falten.
DORMIR…
Muchas veces el dormir es un tormento.
Años de mi vida he pasado donde el sueño era el opio que me transportaba al paraíso para, cuanto mas inmerso estaba en él, arrojarme cruel y despiadado a la realidad del despierto al que no se le ha borrado lo soñado.
Sabe la boca amarga, se maldice al sueño si agonía dio o lamentos salen de tu alma porque al abrir tus ojos no has encontrado junto a ti la realidad que Dios te dio en sueños.
Entonces comienzas a odiar el sueño tenido y cualquiera cosa a tu alrededor te parece mejor: viajar, leer y, ya despierto, soñar con aquello que dormido quisiste hacer.
Contemplar las estrellas parpadear en un anochecer sin nubes; ver como el oro del sol moribundo clavado en las crestas de las montañas de poniente se desparrama por los llanos que hacen inacabables las parameras.
Observar como las ultimas golondrinas y vencejos vuela en las postrimerías del día que muere trayendo la luminaria de la luna para iluminar la noche en el susurro del silencio nos canta el aleluya del nacimiento de un nuevo día dentro de pocas horas.
Oír el suave murmullo del roce entre si de las cañas en las orillas del río movidas por la brisa sin saber a ciencia cierta si ese murmullo es una canción de amor a la luna que nos mira o el lamento por la muerte de un día.
Ser parte de eso y contemplarlo es mucho mejor que algunos sueños.
Mas también he de reconocer que he llegado a trasponer los limites del sueño con la realidad, pues verdad es que lo que siento en algunos sueños tiene un color y una calidad mucho mas inferior que lo que junto a ti, Li, por amarte y pertenecerte, siento.
Parece un sueño, más se que es una realidad.
Es por eso, que también en otros momentos el dormir y soñar es un tormento.
TUS OJOS…
Brotan de esas esmeraldas que tienes por ojos miradas que son tan hermosas como los rayos del sol al amanecer.
Son como labios entreabiertos que me sonríen y hablan, que me dicen lo que me amas y, también, me interrogan con esa picardía que siempre baila entre los muchos tonos que tienen tus esmeraldas.
Es el ya sabido “Raúl, ¿aún me amas?” que me endulza, me llena, me relaja y hace que siempre pose mis manos en tu cintura para apretarte contra mi al contestar tapándote la boca con un beso que grita en silencio lo que mi alma siente.
No necesito palabras para darte con mis dedos al tocarte, la respuesta que en tus ojos son interrogantes.
“Eres más que amada, idolatrada es la palabra exacta que mejor define lo que mi alma siente cuando mis ojos te contemplan o mis ilusiones te llaman.
“…Eres el espejo pulido de plata que refleja sin mancha el amor que recibe y el que irradias.
“…Eres el ave canora que recorre los campos y aún a pesar de verlos estériles, les canta.
“…Eres el compendio en un cuerpo humano de la bondad, del genio, de la grandeza, del ingenio y la alegría que ha estado aguardando tantos años para que naciera y después creciera para encontrarnos.
“…Eres el amor de un mortal que se agiganta por amarte sin sentir miedo al vértigo por nuestra diferencia de edad.
“…Eres el viento de la vida que se agita para modelar con paciencia mi alma.
“…Eres el agua cristalina que se filtró en mi alma y como en las cuevas más hermosas, modelaste una personalidad.
“…Eres quien con ternura y amor, ha realizado una obra en mi que mas parece un suspiro de Dios en la realidad de una roca sin alma.
“…Eres el alfarero que recogió barro y sin desvirtuarlo, fue haciendo una figura real y grande hasta conseguir hacer un hombre de un niño sin pedir nada a cambio.
“…Esa eres tu, mi amada: la que creyó en mi cuando todos me despreciaban y me enseñó a andar, a luchar, a creer en mi mismo, a ser un hombre y a amar.
Solo existe una palabra para terminar: gracias.
NOCHE…
La noche al caer ha cubierto los restos del día muerto con la capa de terciopelo negro del cielo tachonado de estrellas.
Ha sido un día con anhelos, sueños, alegrías y pequeños miedos que hacen pasar malos momentos.
Hoy he vivido como vivo desde que nos conocemos, impregnado de ese algo misterioso y divino, al mismo tiempo, que tienes y que no defino pero paladeo.
Hoy he hecho bueno ese deseo de la gente mayor que aguarda la muerte en esos pueblos solitarios del Pirineo de que vivas todos los días de tu vida al completo.
Hoy he vivido.
Porque he sentido cada uno de los segundos que pasan como rosario tibetano eterno; cada latido de mi corazón cuando con su voz única le habla al alma; porque cada pensamiento que ha pasado por mi mente ha dejado huella indeleble tras haber pasado el filtro que cotidiana y pacientemente has ido creando dentro de mí con tu amor.
Y eso, que puede ser tomado como manipulación de otro por los que no te conocen, resulta tan hermoso que podría morir en este instante con la calma suprema que se siente por haber realizado una labor y estar ésta bien hecha.
Por eso digo que he vivido, pero también que mucho he amado.
Ha sido nuestra unión en la casa donde nos reunimos un paseo constante por el Edén de nuestros sentimientos, de nuestros cuerpos y de nuestros silencios.
No se cuanto hemos estado, porque aunque fueran días, el tiempo estando juntos pasa volando.
Y solo ha sido un rato, pero, al separarnos, mis labios, mis manos, mis dedos y mis abrazos han ofrecido a los tuyos todo el amor que por ti siento y de ti he recibido la certeza de la entrega completa de lo que te llena.
Los labios, como símbolo sublime de la magia del tacto, han dado, recibido, sentido y paladeado todo eso que no soy capaz de describir y que también conocemos ambos.
Nada más hermoso que un beso que te da la satisfacción de recibirlo y haberlo devuelto.
Por eso nos amamos como lo hacemos.
Ha sonado la primera campanada que acorta el resto del día.
Es la que anuncia la unión a través del viento en nuestro cada día de la llegada de la oración que a la misma hora eleva a Dios el amor y gratitud de nuestros espíritus.
En estos instantes me olvido de mí, del fuerte calor que hace en esta noche estrellada y de los lejanos truenos que, como ecos de lejanos pensamientos, rebotan contra el suelo hasta llegar a mí.
Esta es la hora de Dios y de ti.
“Dios te salve, María…”
Elevo los ojos hacia las estrellas veladas por el techo de donde estoy mientras mis labios musitan tu nombre y los ojos de mi alma buscan los tuyos en la distancia seguros de oír en el silencio del alma los cantos de esperanza y los gritos de alegría por mi llegada.
Es la comunión de dos almas que se alimentan de la más fuerte de las comidas: el amor.
Siguen cayendo las campanadas desde la torre del reloj asemejando latidos de mi corazón.
Fluyen como las agonizantes gotas de lluvia que por el alero caen del tejado para refrescar y lavar las plantas que esclavas son de las macetas.
La lluvia que te da la vida pero que al mismo tiempo te la quita al ser la que arrastra el alimento que contiene la maceta.
Han muerto las campanadas y es el silencio quien se enseñorea de la noche acompañada del irregular latido de mi corazón enfermo.
Pero ese silencio ha traído algo sutil y fragante, como el perfume del jazmín, que se llama paz y amor, adornos del alma que se crean sin plantar pero que llenan una vida.
Estoy sintiendo dentro de mí la certeza, esa extraña vibración física sin explicación, de que están pensando conmigo mientras añoras otros momentos y deseas que pronto nos podamos reunir.
Los segundos, los minutos, las horas son cortes que se hacen a nuestra separación para hacerla más corta.
EN LA NUBE …
Todavía estoy metido en la nube de felicidad que me proporcionas.
Cuando miro hacia detrás en mi vida, compruebo que un sentimiento como el que ahora tengo no ha existido.
Aquello era más sexo que sentimiento, más pasión que dulzura, más locura que sensatez.
Tal vez sea que eso es lo que un hombre, joven y fogoso como un corcel, busca y debe tener al inicio de su plenitud como tal.
La sabiduría viene por la comparación y el análisis tras mucho observar lo que tienes alrededor.
Nadie puede imaginar lo que pasa por mi mente en esas noches eternas cuando miro el momento actual y, al mismo tiempo, hacia atrás.
NOSTALGIA…
El día ha sentido nostalgia de la noche y ha tardado más en amanecer escondiéndose entre las nubes.
Mientras conducía entre verdes campos de arroz te he llamado con mi corazón para hablarte de amor, de añoranza, de esperanzas, de sueños y de la realidad en que logras transformar las ilusiones de vernos.
Miraba como la carretera seguía, como algunas luces se filtraban por el horizonte tratando de parir el día, como me empujaba hacia ti las ansias mientras mis labios callaban todo el torrente de palabras que te diría para engalanar tu despertar, para poner música a tu día, para hacer soñar tu mente, para hacerte estremecer con la descripción de mis caricias.
Pero callaba mientras el coche corría y el motor ronroneaba tras las luces de los faros que como dos rayos de un sol lejano todo lo iluminaban.
Con calma, sin prisa alguna, va saliendo a la luz el día y lo hace envuelto en una niebla cual tul de novia en día de realidades y promesas eternas.
Ya se ve más y a la izquierda, sobre un montículo que asemeja una isla en medio de un mar verde, la ermita de San Abdón y San Senen con su cara blanquecina que parece mirar al día y al mar verde a sus pies con la displicencia que dan el haber contemplado el mismo paisaje desde hace más de doscientos años.
Es tanto el tiempo transcurrido desde que nos conocimos y los viajes compartido que a dónde iré que no hayamos ya visto el paisaje, compartido su perfume, soñado con sus atardeceres, visto las nubes caminar por un cielo azul o plomizo, dónde no haber suspirado ante la belleza divina de una flor, el arrullo del canto de un ave.
¿Dónde no escuchar el murmullo de las olas de la playa mientras juntos yacíamos en aquellas noches de embrujo y amor?
No existen en esta región lugares hermosos ni remansos de paz que contigo no haya contemplado y compartido y fue la mirada de tus ojos, el aroma de tu aliento, el perfume de tu cuerpo, el que marcó para siempre los sitios, los recuerdos, los sueños no cumplidos y los anhelos.
Qué mas quisiera en estos momentos de ensueño que poder estar a tu lado para decirte muy quedo al oído “despierta amor mío que empieza a amanecer”.
Y vuelvo a la realidad viendo como la carretera negra avanza mientras los faros taladran la ya decreciente oscuridad.
Solo me hace correr la certeza de que muy pronto, por lo menos, oiré tu voz y te miraré como lo hace el profano contemplando una obra de arte expuesta para su solaz y adoración.
REGRESO…
He llegado tras viajar a casa y antes incluso de comer me siento empujado a plasmar todo lo infinito y grandioso que me haces sentir y que aun a pesar de la distancia que ahora nos separa permanece en mi.
Luce el sol con esa rotundidad con que lo hace en esta tierra privilegiada donde el olor del mar se mezcla con la del azahar que a los naranjos engalana antes de pasar a conformar el ramo de la doncella en su camino al altar.
El cielo azul, capa turquesa con que la tierra se adorna mientras luce el sol, se engalana con motas de algodón que como naves de ilusión navegan empujadas por el viento que tras atravesar España nos trae el recuerdo de la aridez de las tierras altas y que terminara muriendo en el beso que en la playa dará a las tenues olas que tiene el mar cuando de poniente viene el viento.
Y es que el constante pensar contigo hace que los kilómetros recorridos sean meros instantes que cubren la distancia entre estar a tu lado y tratar de plasmarte en un escrito.
Porque aunque el aire no es el mismo ni mis ojos te besan al alejarme, siguen mis manos llenas del aroma de tu cuerpo, del calor que emana de tus manos cuando abrazados me acaricias.
Huelo a ti como si fueras una rosa que me hubiera traído del ramo que conforma tu cuerpo, incluso mis ropas, que solo han cubierto el mío tras desnudo haber pertenecido al tuyo, tienen ese olor característico, que si un día fuera ciego me permitiría saber que eres tu por el simple hecho de acercar a mi nariz tus manos tras haberlas pasado por tus senos.
Me dejo llenar por los recuerdos, por el ensueño del calor de tus manos y tus besos y abro mi boca para aspirar el viento ansioso de que me traiga de nuevo el aroma que tenemos cuando desnudos estamos en el lecho.
Y cuando tengo que partir es la desesperación y el miedo el que me acompaña porque jamás se que ha de suceder mañana ni si te tendré de nuevo.
Has hecho que sea primero plasmar los sentimientos y las sensaciones que la necesidad de ingerir alimento.
Y es que me siento como elevado en globo hacia el cielo porque se que me amas, que deseas mi amor y mi cuerpo, que me lleno de vida cuando te tengo y que voy muriendo lentamente desde que me alejo hasta que se produce nuestro encuentro de nuevo.
CON EL VIENTO…
Ha cerrado hace rato la noche y sopla fuerte el viento.
Agita nervioso las persianas e incluso presiento como las plantas de la terraza se retuercen ante la fuerza sin tino de un viento que viene de lejos a agitar los árboles, a arrancar las plantas, a mover las persianas y a transmitir a mi espíritu la inquietud de si podré verte.
Estar en la duda solo es eternizar la agonía que el alma siente por no atreverse a tomar una decisión que podría alegraren la noche o desarmar el poco consuelo que me queda mientras me debato cuando están dando las nueve las campanas del reloj.
¿Me ducho y parto o aguardo a que el mudo teléfono me diga que me estas esperando?
No es la certeza la que mata al hombre, sino la indefinición sobre qué debe hacer en muchos momentos en los que no posee toda la información.
Y el viento, adelgazando sus dedos consigue pasar a través de las rendijas de las ventanas y agita sin piedad el papel sobre el que te estoy escribiendo.
También tengo que sujetar los escritos terminados que esperan que tú les des el visto bueno y que han ido dando forma a mi soledad y a la añoranza de tu presencia durante los días que estas lejos.
Y es que quiero verte, que necesito saber qué puede ocurrirte para que no me llames.
Esperar, esperar, esperar es la maldición por amarte.
La penitencia que todo pecado lleva acompañándole.
Tengo la sensación de que el tiempo se me escurre entre los dedos como lo hace del cesto de mimbre el agua de la ilusión, esa que hace soportar la ausencia, la que ayuda a vencer el miedo, la que te fortalece para esperar que llegue el momento de estar contigo aunque sea un instante.
A veces, ahora menos que antes, no paro de preguntarme sobre si merece la pena amar como lo hago y casi siempre estar lejos y la respuesta es invariable, como lo fue la primera vez que me lo plantee arrodillado ante aquella copia del Cristo de Tiziano que presidía la cama de mis padres.
Si, tengo pocos años aun, pero podría morir satisfecho porque se me dio la posibilidad de elegir entre quienes decían amarme y me amargaban y quien simplemente me ha dado la fe, la seguridad y la certeza de que estar a tu lado es lo que debo hacer.
Pero he de reconocer que la certeza, aunque dura y cruel, es sedante y que la incertidumbre es una agonía penetrante que mina a aquel que sabe su fin y cuenta los instantes que faltan para dejar de sufrir.
Ese desesperarse, ese maldecir, incluso gritar, solo es una forma de poco a poco matarse.
MINUTOS…
Muchas veces unos minutos que son normales se transforman por una magia indefinible en los momentos más sublimes.
Eso nos ha ocurrido esta tarde mientras juntos hemos visitado una casa casi derruida, cogidas nuestras manos, que en el silencio del campo era la morada de la paz recortada en un cielo tormentoso que hacia de escaparate.
No hacíamos ruido pero algo las ha hecho huir asustadas y entonces hemos visto que eran golondrinas que estaban incubando en sus nidos, pequeños balcones de barro colgados de las vigas de madera carcomidas que aun quedaban en algunos sitios.
Y saliendo asustadas han estado revoloteando fuera viendo como dos seres se sentaban en un viejo y sucio banco hecho con piedra y barro por quien se percato que al caer la tarde era el sitio mejor para repasar los trabajos del día.
Cansadas, viendo que no nos alejábamos, han ido parándose en los hilos de un tendido eléctrico abandonado que en su tiempo debió llevar la luz y la vida a aquella casa en el campo.
Nos la hemos quedado mirando y he comentado que allí paradas parecían las notas en el pentagrama de la vida para dar voz a la melodía de lo hermoso que la naturaleza nos da con generosidad y alegría.
Aves de capas negras que cubrían pechos blancos haciéndonos sentir que mas que aves eran ángeles posados para hablarnos en silencio de la paz y la serenidad, de lo hermoso que es el campo aunque este abandonado.
De la vida y los sueños, de la alegría de estar juntos y amarnos.
Y sin ninguna razón mas importante que el hecho, nos hemos besado al tiempo que nuestras manos se apretaban entre si con fuerza transmitiendo así nuestros sentimientos.
Un viejo riu rau que ha contemplado el reposo de los que ya han pasado antes de nosotros y que nos servia, acariciados con el sonido del viento y de algún trueno lejano, como cielo en la tierra, como balcón para los sueños, como nido de amor sin desnudarnos.
Nos arropaba el amor con su manto y todo ello recortado en el cielo que lo embellecía y engalanaba gracias al regalo divino de poner unas nubes de mil formas diferentes y tonalidades hasta grabar en nuestras retinas la magia del cielo y la profundidad de los sentimientos que despiertan en nuestras almas al contemplar algo tan inmenso.
Te estaba leyendo algo que escribí en tu ausencia cuando tu mano tapo mis labios y los tuyos han volado para el inefable contacto de un beso que es el reflejo en silencio del más noble de los sentimientos: amarnos.
Y mientras nos besábamos, mis manos grandes y rudas, han subido a tu cara para acariciarte y decirte en silencio mil cosas hermosas con la voz mágica del tacto.
Y aun con los labios pegados hemos abierto los ojos para mirarnos y ese mar verde que tienes bajo los parpados se ha llenado de alegría, de fiesta y fantasía al tiempo que tus manos apretaban las mías que seguían en tu cara pegadas como si fuera imposible de allí separarlas.
Porque no me canso de mirarte a los ojos que son una exposición variada de los cuadros de tu alma cuando esta contenta, cuando habla del orgullo de sentirte amada, de los gozos de otros momentos, de los besos e incluso de los silencios.
Y como regalo de los sentimientos, contemplar como la dicha inundaba tus ojos con unas lagrimas que he secado con ansia poniendo sobre tus ojos mis labios.
Un abrazo, un silencio que no se lo que ha durado, un solo cuerpo, un solo amor y todo abrazado por los mas hermosos sentimientos.
Y sin habernos dado cuenta, el cielo dejo de adorarnos e hizo estallar el trueno entre las nubes que de grises habían pasado a negras y que eran preludio de un momento futuro en que los rayos rasgaran sus mantos para dejar sobre la tierra los chispazos que tantas veces emocionan y otras muchas hacen daño.
Nos levantamos y tu mano asió la mía con la seguridad de que no te soltaría caminando por entre esos escombros que nos habían contemplado.
Caminamos con lentitud bajo los árboles abandonados que bordean aquel antiguo camino que desde la casa conduce al mundo del que nos escondimos esta tarde.
Caían las hojas muertas al impulso violento del viento mientras los relámpagos rivalizaban en belleza y energía.
Eran serpientes luminosas que anunciaban que tras su visión vendría la grosería de un trueno que se perdería por el horizonte sabedor de que carecíamos de miedo.
La crestas de Segaría multiplicaban con el eco el estruendo de los truenos y comenzaron a vestirse de tules grises preludio de una lluvia fuerte que no tardaría en caer.
Seguían nuestras manos juntas, mis ojos ciñendo tu cuerpo hermoso enfundado en un vestido sencillo y negro y mis labios diciéndote con el ritmo de los truenos “cuanto te quiero, cuanto te quiero…”
Miramos más lejos a medida que nos acercábamos al coche y vimos como el sol luchaba entre las nubes para dejar pasar sus rayos de oro viejo, pero aumentaron los relámpagos, crecieron los truenos y ambos supimos que aquella tormenta precipitaba lo que odiábamos: tener que separarnos.
Nos abrazamos cuando ya las primeras gotas caían con fuerza, nos besamos y nos separamos.
Siempre me ocurre lo mismo, que sabiendo que eso es lo normal en nuestra relación, cada vez lo puedo soportar menos.
TU FIGURA…
Muchas veces cuando caminas a mi lado, vienes hacia mí o te alejas, te miro sin prejuicios y a través de ese esplendido cuerpo de mujer que tienes, se ve el cuerpo y el alma de una niña.
Y me alegro que seas así, porque aun con tus años solo eres una niña que ha conservado para mí la esencia de la vida y la energía de la juventud que ha logrado transmitir, al hombre que empiezo a ser, la realidad del mundo y la maravillosa magia del querer.
Y aunque se que no vas a venir, todo mi sueño, toda mi ilusión es que estés cerca de mi y con mis brazos ceñirte el cuerpo mientras te musito muy quedo lo que te quiero, el cambio que estas provocando en mi, el hombre que estas construyendo de ese bloque de piedra que mi niñez modelo con la presencia de tanto dolor y tanta miseria.
Más de una vez, cuando ciño tu cintura, tengo la convicción de que soy como el segador que abraza la mies enamorado de su color e ignorante del dolor y del cansancio que supone segar.
Cierro mis ojos a ese ensueño y me sumerjo en la realidad de ver como tu cuerpo se abraza al mío apretando tus senos contra mi pecho mientras mis labios desgranan las oraciones de los besos sobre tus ojos, cara sobre tu boca y sobre tu cuello.
Notar como tu melena se derrama enamorada como olas en la playa sobre mi cara; beber el aliento de tu boca mientras mis manos recorren tu cuerpo; enloquecer sintiendo como tus labios recorren mi pecho y tus manos miden mis deseos, es la droga mas excitante que imaginar puedo.
Me haces estremecer con el mismo amor y placer que puede sentir un jardinero contemplando una hermosa flor que alegra los ojos, que perfuma el viento y hace vibrar la vida con su sola contemplación.
Se acaba el tiempo de soñar y se acerca inexorable el instante en que tienes que partir.
Pero aunque es el amor y la gratitud lo que llena mi pecho, rincones hay por los que la tristeza se cuela en esta tarde tan hermosa en la que ya nos tenemos que separar.
Muere el día acompañando a mi ánimo que se apaga al verte marchar.
LO IMPREVISTO…
Hay momentos que llegan sin esperar y sin darme cuenta.
Imprevistos, sorprendentes y divinos que hacen que los segundos al transcurrir formen una eternidad y que el tiempo no exista inmerso en ese mundo misterioso que solo alcanzan los que se aman de verdad.
El otro día fue uno de esos y es ahora en que estoy a solas conmigo mismo, cuando me evado de la realidad que me rodea y me sumerjo en él mientras lo paladeo y desmenuzo hasta llegar al fondo del goce y la felicidad que me produjo y que ahora, ya pasado algún tiempo, aun es capaz de hacerme cerrar los ojos ensoñadores y enmudecer.
No es ahora por su grandeza, intimidad o emotividad, sino por la profundidad de lo que me hiciste sentir.
Porque la verdad es que no se distinguir que fue primero o mejor, más intimo y sensual, el principio o el final de un tiempo que fue largo y nos pareció eterno aunque en la realidad fueron muy cortos.
Ha sido como correr a más velocidad para entregarte, aún más si cabe, todo el amor que has creado y siento por ti; toda la dicha que me empapa; la admiración más amplia y mi veneración como persona y mujer.
No brotan las palabras para describir todo mi amor y mi dicha, lo que mi yo por amarte te da; la cadencia de mis besos; los requiebros que haces brotar del alma de un pequeño poeta que has creado en un momento.
Se que no soñé, que fue real la impresión que sentí, que a través de mis ojos grite lo que el alma sellando mis labios fue incapaz de decir.
Pero esas esmeraldas verdes que tienes para mirar vieron y valoraron en profundidad todo lo que sentía en esos momentos.
¿Y como describir el instante en que tras deshacer el abrazo nos separamos unos pasos y, nos miramos y besamos con nuestros ojos, volvimos de nuestros pasos para abrazarnos y besarnos como si hiciera años que no nos veíamos?
Es imposible plasmar aquellos momentos, pero nada impide que me sumerja en ellos y me bañe en tan hermosos sentimientos.
SOÑAR …
Me has hablado esta tarde y ahora que trato de plasmar lo sentido, me encuentro sumergido en un mar de placer y sueños no cumplidos sin saber que decir de los momentos pasados contigo.
Las palabras que manan de tu boca, a veces de enfado, otras de tristeza y las más de amor y consuelo para hacerme soportar tranquilos las horas, o los días, en que no podemos estar juntos.
Porque tus palabras son bálsamo en los momentos de desanimo y tristeza, cuando el agotamiento me aplasta, cuando los problemas me llegan, pero también son como la hoguera en el invierno que ilumina y calienta, como el río que discurre callado para dar vida a un desierto, como la música del viento que trae al alma la paz y el sosiego que necesita.
Es tanto lo que tus palabras me dicen que te rogaria que me hablaras seguido, que dejaras musitar tu voz como un susurro venido de otro tiempo, que me cantaras como algunas veces has hecho mientras tus dedos de diosa mi pelo acariciaban.
Y otras veces has sido cascada de agua cayendo temprana por la ladera de la montaña de los sueños y deseos que tengo frente a mi.
No ha sido mucho el tiempo pero tan intenso el sentimiento que con tu voz has bañado mi cuerpo como la luz lo hace con la tierra al amanecer cada nuevo día.
Todo, poco siempre aunque sea mucho, ha compensado el esfuerzo de ir a verte tan lejos y tener que regresar volando al trabajo.
Tengo que reconocer que tu voz es para mi lo que los pétalos a las flores, lo que el perfume a las rosas, lo que las olas a la playa, lo que los sueños y las ilusiones.
Perfume, luz, ensueños, movimiento y color que forma un remolino de vida alrededor de tu voz que incita a penetrar en tu interior.
¡Qué largo es al camino hasta oír tu voz y que breve es el tiempo que me acaricia!
PASEO…
A medida que la noche avanza por el mar vamos terminando nuestro paseo por la húmeda arena de la playa en donde las olas, muertas y cansadas de abrazar y besar la orilla, acaban coronada de un poco de espuma.
Aun persisten las pisadas que han quedado tras caminar cogidos de la mano mientras en silencio paladeamos el atardecer sabiendo que al morir nos tendremos que separar sin tener la certeza de que mañana lo volveremos a realizar.
Nuestras manos siguen juntas negándose a la realidad de que nos tenemos que separar y se aprietan con la pasión de la ausencia y la delicadeza del beso a los pétalos de una flor.
Brilla en tu cara la luz interior de tu alma que con los tonos dorados del sol hacen que mas que mujer mortal seas diosa escapada de los cielos a unos insensatos que no la han sabido retener.
Ojos esmeraldas, labios finos y seductores, nariz delgada y ese color de oro viejo adornando toda tu cara, la ligereza de tus brazos, el negro de tu pelo hasta hacerlo parecer bronce.
Ha sido sin pensar, pero nuestras manos se han apretado y vueltos nuestras caras para mirarnos sin parpadear al mismo tiempo que giraban nuestros cuerpos hasta pegarse frente a frente y las manos acariciar la cintura de cada uno.
Un silencio acompañado del susurro del mar que emocionado y gozoso contempla como dos enamorados se juntan para decirse en silencio cuan grande es su felicidad por amarse y cuan grande empieza a ser la tristeza porque se tienen que separar.
¿Se ha detenido la vida en esos momentos tan sencillos y sublimes?
No lo se y dudo que tu lo supieras, porque nos limitamos a sentirnos, a darnos el amor que nos tenemos manteniendo en silencio nuestros sentimientos más vivos.
TORMENTA…
Ha pasado ya la tormenta que como regalo de Dios ha sucedido ante nosotros mientras nuestras manos estaban unidas y nuestros cuerpos juntos sentados en Macaybo.
Qué maravilloso espectáculo ver recortadas las nubes por los relámpagos, que sonoridad la de los truenos mientras rebotaban sobre Fontilles, que gemido el del viento mientras zarandeaba los árboles.
He visto tormentas sobre el cabo de San Antonio iluminando el mar y la noche y haciendo de las luces de Ibiza meros destellos de luciérnaga cuando ya esta amaneciendo; he visto tormentas de nieve sobre las montañas de mi pueblo, sobre los llanos de Toledo, en el mar embravecido del sosegado Mediterráneo; en un mar tranquilo en el que al final del horizonte, caían los rayos como lo hace el agua de una fuerte.
Pero todo lo anterior era diferente porque lo he visto solo.
Y ahora estaba contigo, cogidos de la mano y juntos deleitándonos con el espectáculo.
Pero ha durado poco rato para alejarse empujada por el viento en dirección a otros horizontes y, tal vez, en busca de otros enamorados a los que deleitar con tan grandiosas visiones.
Pero sin darnos cuenta ha caído la noche acompañada de una fresca brisa que ha hecho que te apretaras contra mi cuerpo pasando mi brazo sobre tu hombro mientras te atraía hacia mí para darte un suave beso.
La tierra olía a mojada mientras oíamos caer las últimas gotas de las hojas de los árboles sobre las tejas y contra los cristales.
Nos hemos levantado y salido a caminar un rato y contemplar en el cielo esa luna como una raja de melón que coqueta se estaba mirando en los charcos del camino, mientras en el cielo, como diamantes engarzados en una tunica negra, los luceros parpadeaban incrédulos al ver el mundo con todo su cuerpo lavado
Ha sido una breve excursión entre un rosario de charcos que cubrían el suelo del camino, en el que pequeños, minúsculos arroyos, pasaban el agua de uno al otro hasta llegar a los mas grandes, donde el agua parecía la cara de un lago donde, además de la luna, alguna estrella se miraba.
Profundo aroma de tierra mojada, promesa de fertilidad traída por el agua para dentro de un tiempo.
Y los huertos de naranjos, con árboles como soldados alineados, dejaban pasar el aire que aunque no olía a azahar si tenía ese toque mágico que tienen los naranjos cuando de sus ramas cuelgan, aun pequeños, sus frutos.
Y he ceñido tu cuerpo y contemplando tanto encanto, tanta hermosura, tanto recogimiento, no he visto que ponía un pie en un charco.
Protestas unos instantes pero ríes seguido porque compruebas qué poca importancia tienen ciertas cosas cuando estamos al lado del ser que amamos.
Pero interrumpimos el paseo porque oleadas de voraces mosquitos vienen a nuestro encuentro tras haber cesado la brisa que refrescaba nuestros cuerpos.
Regresamos y nos sentamos en el porche protegidos tras las mosquiteras que no impiden el paso de los zumbidos de aquellas fieras hambrientas de sangre.
Nos abrazamos, nos besamos y en silencio nos desnudamos y en la intimidad de la noche gozamos entre besos y caricias, entre goces y jadeos, entre suspiros y ensueños.
Siempre ha sido para mi mejor el después que el antes y allí permanecemos en silencio y abrazados para alargar estos siempre cortos momentos por muy largos.
Y atesoro estos momentos como una realidad divina, como un regalo del cielo para que cuando los años pasen y la nieve cubra mi pelo, tener recuerdos que repetir y revivir de nuevo.
Porque aunque entonces las lagrimas vengan a mis ojos siempre serán de contento, de dicha, de felicidad y serán el sustento para mi alma mientras se acerca inexorable el momento de morir.
Nada como atesorar hermosos recuerdos y sentimientos.
Es la noche antes de salir para ingresar en la cárcel.
Es el tratar de disimular que los dos estamos sufriendo, que la noche va a ser eterna y el preludio de un tiempo sin vernos.
Hemos estado en Denia, paseado por su puerto y después regresado callados y cogidos de la mano hasta donde aguardaba el coche para llevarnos al remando de paz de Macaybo.
Escasos 20 kilómetros que se han acortado aunque ambos dilatábamos el tiempo tratando de alejar el momento, en la madrugada de mañana, en que tras darte besos y un abrazo saldría por el sendero sin tener la certeza de regresar y volver a ver el amado sitio donde tan felices hemos sido.
No hemos cenado casi porque la garganta impedía, con la sequedad del miedo y la tensión del momento, tragar nada.
Y después de un rato de silencio hemos salido a contemplar el cielo que tachonado de estrellas y luceros esta en esta noche estival de calor y miedo acallado pero sentido hasta lo más profundo del pecho.
Nos hemos cogido de la mano, nos hemos sentado cuerpo contra cuerpo y mirado al cielo mientras yo por dentro rezaba para que Dios sostuviera tu ánimo porque tenia la sensación de que se habían equivocado y no iban a ser cuarenta y cinco días sino mucho más tiempo.
Te dije que te escribiría cada día, que pensaría cada noche cuando las once fueran en ti y rezaría la oración que hicimos para coincidir en un momento mágico cuando no podíamos estar juntos.
Te hable de lo que construiría cuando saliera, cada fin de semana si se cumplía lo prometido, y cada día que me permitieran salir porque toda mi vida pasada quedaba condensada en ese lugar, el sostén de tu amor y en las ganas de poder aguantar sin desmayar lo que hubiera de venir.
Pero si bien estaba sereno, por dentro mi alma lloraba y ha sido mi desconsolado y silencioso llanto el que ha movido mis labios para besar con fe y veneración tu cara, tus ojos, tu frente y tus labios como queriendo darte consuelo para los duros momentos que se avecinaban.
No se oía nada en esta madrugada en la que el viento había cesado de mover los pinos.
Solo los latidos de nuestros corazones en el pecho hacían pensar en sendos tambores lejanos que traían, como un eco, los otros latidos alocados que teníamos cuando abrazados y prietos gozábamos.
Y tus besos han intentado darme la felicidad, la vida y el ánimo que necesitaba para dar los siguientes pasos que me alejaban de tu lado.
Ha sonado un pitido lejano, un clarín de muerte que ha matado el silencio que teníamos, el abrazo que nos dábamos, los besos que repartíamos entre la frente y los labios, enterrado las ilusiones y gritado que debo hacerme el animo y partir hacia el desconocido mundo de la cárcel, por un tiempo limitado me dicen, pero que en mi fuero interno se muy largo.
No he querido alargar más la agonía, no quería que me vieras llorar porque sabía que tardaría en volver a abrazarte, a gozar de tu cuerpo y volver a besarte.
He salido a la noche que agonizaba por el estrecho sendero que me conducía a donde estaba el coche.
Y aunque no me he vuelto sabia clavados en mi espalda los lagos verdes de tus ojos que lloraban porque el destino dictaba que teníamos que separarnos.
Triste amanecer para un cuatro de agosto en pleno verano.
Tres años y medio después, regresé a Macaybo.
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